martes 22 de abril de 2008

El pequeño Gidding



Aquello que denominamos principio, es frecuentemente el fin, y finalizar es también comenzar. Toda frase y toda sentencia es un final y un principio. Todo poema es un epitafio. Un pueblo sin historia no está redimido del tiempo, porque la historia es un patrón de momentos eternos. Así, mientras cae la luz en una tarde de invierno, en una aislada capilla, la historia es ahora e Inglaterra.

No debemos dejar de explorar. El final de nuestra exploración será arrivar donde comenzamos y conocer el lugar por primera vez.

Esta publicación comprende una sucesión de fragmentos y frases que he articulado a modo de párrafos, pertinentes a la quinta parte del cuarteto número 4, denominado Little Gidding, del poema Four Quartets escrito por el poeta inglés Thomas Stearns Eliot. Espero no haber decepcionado al lector con la precaria traducción.

En la fotografía, un puente destruído o que alguien habrá de concluir; un puente que ha sido o que alguna mañana será; sustancialmente y aún mejor, un puente que no es puente. ¿Acaso no es hermoso?

martes 15 de abril de 2008

La tormenta



Era muy cierto. Había estado leyendo el capítulo que trataba de las tormentas. Cuando llegó a la cabina de instrumentos no llevaba la menor intención de mirar aquel libro. Alguna influencia de la atmósfera había guiado misteriosamente su mano al estante de la biblioteca y, sin tomarse siquiera el tiempo necesario para sentarse, se enfrascó con esfuerzo consciente en la intrincada maraña de aquella terminología. Un instante después estaba engolfado en un verdadero torbellino de semicírculos, cuadrantes de izquierda y derecha, curvas, epicentros, cambios de viento y discos de barómetros.

- ¡Esto es terrible! -exclamó con evidente enojo- Si uno fuese a creer todo lo que se ha escrito en este libro, se pasaría la mayor parte del tiempo recorriendo los mares, en un desesperante esfuerzo para hurtarle el cuerpo a las tormentas.

Joseph Conrad, en el fragmento que antecede, parece haber estado vaticinando un oculto anhelo encargado de mantenerme en vela esta noche y todas las anteriores. En la fotografía, los raudos vientos, como lápices que se restriegan sobre un papel a fin de empastar los colores, disipan las copas de los árboles más próximos al río.

martes 11 de marzo de 2008

Primer manifiesto surrealista



Ordenen que les traigan con qué escribir, después de situarse en un lugar que sea lo más propicio posible a la concentración de su espíritu, al repliegue de su espíritu sobre sí mismo. Entren en el estado más pasivo o receptivo de que sean capaces. Prescindan de su genio, de su talento, y del genio y el talento de los demás. Digan hasta empaparse que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes. Escriban de prisa, sin tema preconcebido, escriban lo suficientemente de prisa para no poder refrenarse, y para no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase se les ocurrirá por sí misma, ya que en cada segundo que pasa hay una frase, extraña a nuestro pensamiento conciente, que desea exteriorizarse.

Fragmento de André Bretón. Escribí durante toda la noche; no es, lamentablemente, la primera vez que lo hago.

jueves 21 de febrero de 2008

La cifra



La amistad silenciosa de la luna te acompaña desde aquella -perdida hoy en el tiempo- noche o atardecer en que tus vagos ojos la descifraron para siempre en un jardín o un patio que son polvo. ¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día, podrá decirte verdaderamente: "No volverás a ver la clara luna, has agotado ya la inalterable suma de veces que te da el destino. Inútil abrir todas las ventanas del mundo. Es tarde. No darás con ella."

Vivimos descubriendo y olvidando esa dulce costumbre de la noche. Hay que mirarla bien, puede ser última.

Fragmento de Jorge Luis Borges. La fotografía fue tomada desde la ventana de un cuarto piso cualquiera; resultaría torpe continuar describiéndola.

jueves 14 de febrero de 2008

El túnel



Yo no decía nada. Hermosos sentimientos y sombrías ideas daban vueltas en mi cabeza mientras oía su voz, su maravillosa voz. Fui cayendo en una especie de encantamiento. La caída del sol iba encendiendo una fundición gigantesca entre las nubes del poniente. Sentí que ese momento mágico no se volvería a repetir nunca.

-Nunca más, nunca más- pensé, mientras empecé a experimentar el vértigo del acantilado y a pensar qué fácil sería arrastrarla al abismo, conmigo.

Fragmento de Ernesto Sábato. En la silla, la mujer que amo.

domingo 10 de febrero de 2008

Metamorfosis



La inconstancia es mi esencia. Elévate conmigo si así lo quieres, pero no te quejes cuando vuelvas a caer en las profundidades. Los buenos tiempos se van, pero también los malos. La mutabilidad es nuestra tragedia, pero también nuestra esperanza.

Fragmento del film 24 Hour Party People basado en la obra de Boecio: Consolación de la Filosofía. Por vez primera la fotografía no fue tomada por mí, sino por mi padre. Rememora mis mejores épocas; recuerdo que volví a ser quien antes era.

lunes 28 de enero de 2008

El dragón y la princesa



A esa hora en que comienzan a oírse los pequeños murmullos, en que los grandes ruidos se van retirando como se apagan las conversaciones demasiado fuertes en la habitación de un moribundo; y entonces, el rumor de la fuente, los pasos de un hombre que se aleja, el gorjeo de los pájaros que no terminan de acomodarse en sus nidos, el lejano grito de un niño, comienzan a notarse con extraña gravedad. Un misterioso acontecimiento se produce en esos momentos: anochece. Y todo es diferente: los árboles, los bancos, los jubilados que encienden alguna fogata con hojas secas, la sirena de un barco en la Dársena Sur, el distante eco de la ciudad.

Esa hora en que todo entra en una existencia más profunda y enigmática. Y también más temible, para los seres solitarios que a esa hora permanecen callados y pensativos en los bancos de las plazas y parques de Buenos Aires.

Fragmento de Ernesto Sábato. Arriba, el solitario Cherry.